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Aquella vez en El Chaflán, Madrid

En diciembre de 2009 pude conocer El Chaflán, el maravilloso restaurante de Juan Pablo Felipe. Parece que ahora ha cambiado de rumbo por lo cual mi comentario iba a desaparecer de 11870. Lo copio aquí para que nunca se pierda:
Antes de comenzar el comentario diré que éste es uno de los restaurantes en los que siempre me ha apetecido comer, así que puede haber cierta fascinación en mis palabras. Por otro lado, comentaré fallos que, en otros lugares obviaría. Creo que la valoración será objetiva.
La estancia es encantadora, con su famoso olivo y la cocina vista. Las mesas muy bien montadas con manteles y servilletas de hilo. El punto negativo es que hacía frío, y tras avisarlo, no se corrigió.
En lo gastronómico se presentan varias opciones: carta, un menú de 50 € y otro de 60 €, elegimos el más largo para apreciar la creatividad de Juan Pablo Felipe en toda su expresión. En el apartado de vinos la carta es extensa y a precios no especialmente comedidos. Aquí vino una de las sorpresas desagradables de la comida, pedí un vino, que no tenían y el siguiente llegó de otra añada de la reflejada en la carta. Imperdonable error para un sitio así. Tras estos problemas, tomamos un Valdubón 2005 (D.O. Ribera del Duero), que fue bastante apropiado.
Degustamos:
-Aperitivos (banana frita, mantequilla de hierbas, aceite de oliva con fantásticos panes, todo agradable)
-Salpicón de hortalizas con salsa de soja y naranja (plato algo anodino, buena salsa, eso sí)
-Ceviche de pulpo con espuma de maracuyá (brillante conjunción de sabores)
-Crema de boletus, espuma de Idiazábal y caramelitos de foie (sencillamente espectacular en textura y sabor)
-Lomo de atún rojo con pil pil de tomates (solicité que alguno de los platos de atún fuera incluido en el menú y amablemente accedieron, el punto del pescado y la salsa, maravillosos)
-Pieza del matarife con cebollitas glaseadas (carne muy bien tratada, muy protagonista, demostración de buen hacer)
-Helado de miel y limón con crema de turrón de Jijona (postre perfectamente conseguido)
Para acabar, un café (inexplicablemente de Nesspreso) y unos insulsos petit-fours. La comida merecía otro final. El servicio, amable, pero no muy entrenado para lo esperable. En general, un menú muy bien ejecutado y delicioso, pero con algún fallo en la puesta en escena. La apuesta del cocinero por bajar precios y acercarse a todos es encomiable, pero quizá haya aspectos que no deben recortarse tanto. Eso sí, el mero hecho de que Juan Pablo Felipe haya cocinado para mí (porque ahí estaba, al pie del cañón) me hace un poco más feliz.

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