Reconozco que me apetecía mucho conocer este restaurante de pescado y marisco en el puerto viejo de pescadores de Biarritz, pues representa buena parte de la esencia de esa ciudad. Lo primero que llama la atención son los preciosos manteles azules y blancos de la Maison Jean-Vier, que ya son míticos. Se nos asignó sitio en el salón interior, rústico y marinero. La terraza está muy demandada. Mesas bien vestidas. Copas pésimas. La carta ofrece productos del mar principalmente, pero también hay otras especialidades clásicas francesas . En lo enológico, pocas opciones a precios correctos. Elegí Domaine Abotia Irouléguy Blanc 2024 (Irouléguy A.O.C.), especiado y persistente. Cenamos: - Bandeja de marisco (hervido y servido con hielo como marca la tradición francesa, espectacular selección en la que sobresalen ostras, buey de mar y, muy especialmente, los langostinos) -Foie gras mi-cuit, pan tostado de albaricoque y avellanas y gelatina de Jurançon (delicioso) -Gran profiterol con cho...
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