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Rodero, Pamplona

Tenía muchas ganas de esta comida. Un buen restaurante, una gran compañía y una celebración.


Situado en el centro de Pamplona, es uno de los emblemas gastronómicos de la ciudad.

Decoración clásica, a modo de un salón de casa.

Mesas bien vestidas. Copas adecuadas.

Cocina navarra con toques refinados. Se ofrece carta y dos menús. Escogimos Para gustar (99,50 €), que incluye el vino. Se sirvió Gran Feudo Hoya de los Lobos Chardonnay 2025 (D.O. Navarra), ligero y algo anodino, y Chivite Finca Legardeta 2023 (D.O. Navarra), frutal y fresco. Se debería buscar una armonía más interesante sin salirse de la zona.

Comimos:


-Bloody Mary de tomate y frutos rojos (correcto)


-Crujiente de gilda untuosa (amable)

-Buñuelo de queso Ossau-Iraty (espectacular por cremosidad y potencia)


-Cremoso de yogur de la Ulzama, anguila ahumada y miel de roble (impresionante, el sabor de la anguila ahumada mejora una preparación impecable)

-Cardo rojo, frutos blancos, aceitunas negras y trufa (deslumbrante, producto excepcional bien tratado y con matices que suman)

-Alubias rojas del caserío Etxeberritxu, con bombón de foie, morcilla y piparras (estupendo guiso que mejora notablemente con el bombón de foie)


-Lomo y brandada de bacalao, callos marinos y néctar de pimientos asados (rico, aunque las dos salsas se unían mal en el plato)


-Pechuga de pato curada, ruibarbo y especias (carne de gran calidad, buen punto y lograda guarnición)


-Fresas, chantilly de vainilla, shiso, rosas y wasabi (la maravillosa chantilly eleva el conjunto, gran postre)


-Petit fours (con protagonismo para la canela típica de la ciudad)

Café caro y no especialmente bueno.

El personal anduvo atento, pero con errores impropios.

Pagamos unos 105 € por persona.

Más luces que sombras, pero quizá esperaba otro brillo.

Alguno de los platos, no obstante, me parece sublime y se quedará conmigo mucho tiempo.

Koldo Rodero y su equipo muestran una cara noble de la cocina de una tierra que encierra enormes productos y apasionadas tradiciones. Y lo hace con criterio, no cabe duda.

Hay que mejorar lo que no es comida, eso sí.

Y a seguir.




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