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Kabo, Pamplona

Kabo es un restaurante que quiere ser diferente n una ciudad donde la tradición es importante, pero también deja hueco a lo creativo. Veamos.

Sala limpia y agradable. 

Caminos de mesa y servilletas de hilo. Maravillosas copas.

Aquí mandan Aarón Ortiz y su joven equipo y su esfuerzo se refleja en una cocina contemporáneaSe ofrecen varios menús entre los que escogimos el más corto, Semilla (60 €), al que añadimos su postre emblema (5 € más por persona). En lo referente a vinos optamos por pedir una sola copa, pues había que conducir. Agradezco mucho la valiente recomendación de un proyecto nuevo y pequeño del entorno, La Nobla 2023 (D.O. Navarra), que resultó sabroso y herbal.

Vamos con la comida:


-Mantequilla ahumada, espelette y sales de Salinas de Oro (con un estupendo pan de la panadería Anik)


-Albahaca, anchoa, espelette y manzana (buena ténica en el bombón líquido, rico)


-Croqueta cremosa (buenísima)


-Cabezada de Maskarada y piel suflada (gran producto)


-Cebollita asada, caldo de sus pieles, tomillo y aire de cítricos (interesantísimo plato, el tomillo eleva el nivel)


-Guisantes cremosos, merluza navarra y gallina Guneko (me gustan más las partes que el conjunto, que queda algo deslavazado)




-Alubias, pimiento cristal, huevo, foie de Martiko y trufa de Metauten (acabar el menú con esta preparación es arriesgado, buena combinación)


-Castaña ácida y cardamomo (para limpiar, menos fino que el bombón inicial)


-Miel, tomillo, lavanda, chocolate, cítricos y cacao (delicioso)



-Transformación: postre emblema de Kabo (debajo del algodón de azúcar aparece un pastel frutal, sin más)



-Petit fours (buenos)

Excepcional café final.

Pagamos unos 76 € por persona.

Me gustaron muchas cosas y otras algo menos, pero es obvio que estamos ante una propuesta sólida y convincente.

El precio, debo apuntarlo, me parece algo alto.

La cebolla o el postre de miel indican el camino a seguir.

A tener en cuenta.






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