Lillas Pastia siempre apetece. Y aquí estamos otra vez...
Ya en mi anterior visita conocí el nuevo local. Sin cambios desde entonces.
El menú Carmen vale ahora 75 €. De la carta de vinos, extensa y de precios elevados, opté por Alto Moncayo Veratón 2022 (D.O. Campo de Borja), estructurado y muy sabroso.
Comimos:
-Aperitivo (cremoso de queso humado, buñuelo de papada y merengue de boletus, muy acertados)
-Salmorrejo aragonés (en un crujiente de torteta, fantástico)
-Mantequilla trufada (rica)
-Cebolla en texturas, parmesano y trufa (grandioso pase con la cebolla como hilo conductor, destaco el crujiente de parmesano)
-Tomate curado relleno de su tartar y helado de raifort (sabor concentrado y nítido, interesante)
-Endivia confitada con holandesa de anchoas y jamón de pato (algo deslavazado, no está equilibrado pese a que las partes están buenas)
-Nuestro arroz de trufa Tuber Melanosporum (uno de mis arroces favoritos del mundo, me encantó esta vez)
-Rape a la brasa con orio y longaniza (exquisito, gran punto del pescado y ricos matices)
-Empanadico de calabaza (otra revisión del postre tradicional, conseguido)
-Chocolate, vainilla y haba tonka (combinación ganadora, fabuloso)
-Petit fours (buen final)
Agradable café.
El personal se mostró especialmente amable y diligente.
Pagamos unos 90 € por persona.
Carmelo Bosque y su joven equipo se ocupan de cocina y sala con criterio, dedicación y conocimiento. Y esa es la clave.
El nuevo local ofrece la posibilidad de brasa y la aprovechan con tino para pescados enteros, lo que eleva la sensación global del menú.
Gran propuesta.
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