Verjus bar à vins, París (Francia)

La idea era una cena informal y divertida así que elegí este local cercano al Palacio Real.
Local diminuto, solo doce taburetes, pero con la sensación de autenticidad. Al entrar te das cuenta de que es el sitio al que debías ir.
Se come en la barra o en la balda situada a lo largo de todo el local. Nada de mesas. Servilletas de papel (y malas). Incomodidad.
Peores copas de lo que imaginaba.
Los platos apetecen, todo en pequeñas raciones. Los vinos por copas están escritos en la pared, además hay también carta. Precios algo más amables de lo habitual en París. Probé Château de Merànde La belle romaine 2010 (Vin de Savoie A.O.C.), que me gustó bastante, y Rinaldi e Figli Barbera d'Alba 2010 (Barbera d'Alba D.O.C.), mejor que el anterior, un vino muy notable.
Cenamos:
-Gyozas de apio, salsa "dan-dan", cacahuetes tostados y cebollino (realmente curioso, agradables, quizá demasiado crocante el apio)
-Patatas fritas Joe's shoestring, togarashi, ketchup (todavía no he descubierto como se sostienen, bonita presentación, las especias las hacían deliciosas)
-Capelletti de ortigas, pimiento, burrata de leche de búfala, hinojo, estragón (muy buen queso, acertada combinación)
-Panceta crujiente, chile encurtido y asado, mayonesa especiada (lo menos sorprendente, pero el bocado también resultó interesante)
-Pollo frito con suero de mantequilla, col china, pimiento rojo (tremendamente jugoso, entiendo que sea la estrella de la casa, buen plato)
-Sorbete de chocolate, cítricos, haba tonka (postre digno de servirse en cualquier gran restaurante, precioso y exquisito)
La camarera no era especialmente amable, la verdad, pero cumplió.
Estas raciones y tres copas de vino costaron 68 € (34 por persona). No está mal.
Lo cierto es que lo que ofrece este bar es una propuesta original e innovadora. Se trabaja con buena materia prima y se crea. Me parece una magnífica opción para algo diferente.
Si ya solucionaran los problemas de espacio y comodidad sería perfecto.

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