Umma, Santander

En la capital cántabra es más fácil encontrar producto que creatividad, pero también tiene su espacio. La idea, al elegir este restaurante, era encontrarlo.
La sala es bonita, actual y de estética cuidada.
Mesas demasiado juntas y desnudas. Servilletas de hilo y copas correctas.
La carta, que estaba siendo cambiada en nuestra visita, ofrece cocina de mercado con toques de creatividad. En cuanto a vinos, pocas pero interesantes referencias y a precios muy amables. Escogí un Jarabe de Almazcara Majara 2013 (D.O. Bierzo) que me encantó. Con los postres se nos ofreció un vino dulce, cortesía de la casa, que no pasará a mi recuerdo.
Cenamos:
-Hummus y crema de queso (agradable aperitivo)
-Croquetas de mi madre (de las mejores que he comido, bechamel fina y excepcionalmente crujientes)
-Empanadillas de gambas y shiitakes (realmente gyozas, magníficos sabor y textura)
-Bonito con salsa de yogur y cerezas (gran producto y con matices muy acertados, buena preparación)
-Magret de pato con nectarinas y salsa de cerveza (muy buen punto y de nuevo mucho tino en la combinación de sabores)
-Tarta de pera (fantástico postre, una exquisitez)
-Chocolate 70% (otro gran postre, intenso y bien trabajado)
Buen café final.
El personal se mostró atento y capaz, dentro de la informalidad del sitio. Sobró tiempo de espera.
Pagamos unos muy adecuados 32 € por persona.
En esa cocina que se ve desde la sala hay grandes profesionales. Solo hay que ver el nivel de lo dulce y lo salado para tenerlo bien claro.
Cocina de buen gusto y de criterio, eso es lo que da esta casa. Un poco más de riesgo y contundencia en los sabores reafirmaría la propuesta, pero quizá alejaría clientes. La eterna cuestión.
Salí contento de Umma, vi talento y ganas.


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