Recreo, Madrid

Es una de las aperturas del momento en Madrid, buen momento para conocer esta taberna.
Local pequeño y poco confortable. Decoración exigua, aquí eso no trata de ser relevante.
Mesas desnudas, servilletas de papel y copas correctas.
La carta ofrece una cocina ecléctica y apetecible, no hay menú. En lo enológico muy pocas pero interesantes referencias. Escogí un expresivo y sorprendente José Arístegui Godello 2015 (D.O. Valdeorras).
Cenamos:
-Aceitunas y encurtidos caseros (no probé las aceitunas, agradables los encurtidos)
-Mejillón tigre, curry amarillo, hinojo (buenísima versión de este plato tradicional, incluso animaría a aumentar la proporción de curry, la ensalada de hinojo es otro acierto)
-Arroz meloso, pollo de corral, colmenillas, picada (la vedette de la noche, gran punto e inconmensurable sabor)
-Salmonete, néctar de verduras, rábanos (fantástico pescado, el resto no me satisfizo especialmente, lo veo deslavazado)
-Berenjena, jamón ibérico, migas de pimentón, berros (rico, pero esperaba más dadas las alabanzas recibidas por este plato, la verdad)
-Torta de aceite, limón, miel y romero (sencillo y afortunado, me gustó)
Una fantástica trufa precedió al buen café final.
El personal fue amable y atento pero se deben cuidar los tiempos de espera.
Pagamos 29 € por persona.
No seré yo, entre otras cosas porque no puedo, el que pinche la burbuja que se ha creado alrededor del trabajo de Pablo Montero y Alejandro Díaz, pero no colmaron mis expectativas. Todo bien, sí, pero nada me despertó esas emociones que lo cambian todo.
Se notan la experiencia en grandes casas y el talento, es indudable, pero necesito algo más para que este sea el sitio de mi recreo.

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