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Lettera, Madrid

Era septiembre, centro de Madrid y me apetecía italiano.

Local pequeño y confortable. Mucha madera y un olivo de atrezzo en medio de la sala.

Mesas desnudas y demasiado pequeñas. Copas correctas.

La carta ofrece especialidades italianas con un leve toque creativo. No hay menú ni posibilidad de medias raciones. En lo enológico se alternan vinos italianos y españoles con cierto interés. Me centré en los del país transalpino y probé el afrutado Pinot Grigio Mastri Vernacoli 2019 ( Trentino D.O.C.), el sabroso Podere 2017 (Montepulciano D´Abruzzo D.O.C.) y el equilibrado Memoro Piccini Rosso 2018 (Vino d'Italia) en mágnum.

Comí:

-Cesta de pan de John Barrita (focaccia y grissinis espectaculares)
Se sirvió el impresionante aceite Castillo de Canena Primer día de cosecha.
-Alcachofas crujientes con anchoas, caponata y burrata (y terminado con un buen aceto balsámico, conjunto con exceso de ácido, pero correcto)
-Spaghetti frescos al parmigiano reggiano (mantecados en una rueda del queso, una delicia absoluta, ni más ni menos)
-Tiramisú clásico (canónico, esperaba mucho más sabor, delicado)
Buen café final.
El personal, y especialmente Coronel, un jefe de sala que supera al propio restaurante, se mostró amable y capaz.
Pagué unos 56 €.
Pues disfruté mucho la comida, especialmente por ese plato de pasta que merece todos mis elogios. Estamos ante un restaurante que cumple con lo que promete, que trata bien al cliente y que deja una agradable sensación.
Suficiente para mí.






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