Amaren, Bilbao

La idea era comernos una chuleta inolvidable y optamos por este restaurante.

El comedor es bonito, actual y pretendidamente noble.

Mesas bien vestidas y copas adecuadas.

Aquí todo gira en torno a la carne, que se trabaja en un local contiguo y puede verse desde la calle. Los chuleteros se exponen como las joyas que son.

La carta presenta eso, carne, y algunas opciones variadas de entrantes, pescados, quesos y guarniciones. En lo referente a vinos, bastantes referencias con protagonismo de Riojas clásicos. Optamos por el convincente Marqués de Vargas Reserva 2017 (D.O.Ca. Rioja).

Comimos:


-Gazpacho (fallido, impropio de un sitio así)


-Mollejas de ternera (con hongos confitados, huevo a baja temperatura, cebolla caramelizada y aceite de trufa blanca italiana, maravilloso producto con demasiado acompañamiento)



-Chuleta de buey (escogimos un buey simmental alemán con unos 90 días de maduración y solo puedo decir que no recuerdo haber comido una carne mejor, un absoluto espectáculo)

De las guarniciones destacaré las patatas fritas.

No tomamos postre, pero sí dos cafés de diferentes orígenes y que disfruté sobremanera.

El personal, algo irregular, se mostró amable.

Pagamos 99 € por persona. La chuleta, que costaba 99 €/kg, pesó 1,300 kg.

Aquí se viene a por esa carne y ahí son excelentes. El resto merece alguna que otra revisión, ciertamente.

Esa chuleta, bien seleccionada, bien asada, bien presentada y bien explicada, merece cada elogio que pueda verter.

Gran experiencia.

 

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