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La llotja, L'Ametlla de mar (Tarragona) (II)

De vuelta a este gran restaurante.
Todo sigue igual, así que vamos a lo importante.
Esta vez comimos en la acogedora y mínima sala.
Mesas cómodas y muy bien vestidas. Copas adecuadas.
La carta sigue prácticamente igual. En lo enológico, más de lo mismo.Bebimos Vespres Blanc 2018 (D.O. Montsant), que resultó fresco y sedoso.
Mis acompañantes no conocían el restaurante, por eso repetí bastantes de los platos.
Comimos:
-Aperitivo (bloody mary y bacalao con romesco, agradables)
-Ventresca de atún rojo con aromas mediterráneos (inconmensurable producto y muy bien tratado, un espectáculo)
-Tartar de atún rojo con patatas fritas con curry (una de esas preparaciones que dan sentido a un tipo de cocina, increíbles textura y sabor y maravillosas patatas, de los platos que se recuerdan mucho tiempo)
-Buñuelos de bacalao (exquisitos, siguen siendo un placer)
-Espardeñas, papada ibérica y pistacho (maravillosas, pero todavía las recordaba mejores)
-Chipirones con cebolla confitada (otra delicia, muy equilibrados y potentes)
-Trufas artesanas (muy ricas, intensas)
El café ha mejorado.
El personal anduvo especialmente amable y capaz.
Pagamos 60 € por persona.
De nuevo la sensación es de precios severos, y además con la irregularidad de cobrar el IVA aparte. Pero el disfrute es enorme.
La búsqueda de la excelencia en el producto, ese atún rojo que desembarcan a unos metros del restaurante y un ilustrado criterio a la hora de tratarlos son las señas de identidad de Marc Miró. Eso se traduce en una mezcla de tradición e innovación que le dotan de carácter y prestigio. Eso lo cambia todo.
Cada vez mejor.
Me quedé con ganas de arroz, así que habrá que volver...


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