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Casa Lafu, Madrid (II)

Vuelta a este restaurante sichuanés.
Todo sigue igual, así que vamos a lo importante.
Era la Fiesta de medio otoño y observé muchos grupos de inmigrantes celebrándolo. Me encantó.
La carta es muy extensa, quizá más de lo que la recordaba, y sigue ofreciendo cocina de aquella región especialmente, aunque también de otras zonas de China. En lo enológico, carta algo más larga y muy desigual. Escogí Infiltrado 2018 (D.O. Jumilla), fresco y sedoso.
Cenamos:
-Berenjena meigan (fría y encurtida con verduras secas, ligera y realmente curiosa, me gustó)
-Jiaozi cantonés de gambas (delicadísimo, una delicia, para comerte decenas)
-Intestino de cerdo salteado con chiles (crujiente, picante y muy sabroso, excepcional)
-Crujiente de raíz de loto (insisto en que este plato es una pequeña maravilla, probadlo)
-Panceta al estilo de la abuela (panceta y huevos duros de codorniz lacados, la panceta queda tierna y con mucho sabor, tan goloso como pesado)
-Pastel de luna (cortesía de la casa, anodino)
Probamos té de cebada y de crisantemo. Ninguno de ellos me satisfizo especialmente.
Se nos invitó también a un chupito de Kao Liang Chiew.
El personal anduvo muy amable y eficaz, y no tuve los problemas con el idioma de la vez anterior.
Pagamos unos 35 € por persona. Se puede comer por mucho menos.
Salí más contento todavía que en mi anterior visita, si es que eso era posible. El chef Hao Chen y su enorme equipo consiguen que te olvides de donde estás durante toda la estancia. Se nota el cuidado por los sabores y el respeto a las tradiciones.
Faltan detalles de servicio y de cortesía, pero eso aquí se perdona.
Intuyo que seguiré explorando esta casa, obvio valor seguro para mí.



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