Les moles, Ulldecona (Tarragona) (II)

Volvía a Les moles después de demasiado tiempo, pero todo llega...

Recordaba la sala algo más clásica, esta vez me pareció un prodigio de comodidad y elegancia.

Mesas bien vestidas y copas muy adecuadas.

Jeroni Castell ofrece una cocina creativa siempre con la mirada puesta en ese privilegiado entorno en el que se encuentra el restaurante. Se ofrece carta y varios menús. Escogimos el Tradición (30 €). En lo enológico, carta interesante y con mucho protagonismo para vino de la zona. El vino hecho para la casa, Les moles Blanc 2019 (D.O. Terra Alta), de garnacha blanca y macabeo, fue un magnífico acompañamiento para la comida.

Llega lo sólido:

-Bombón de morcilla y menta (masa ligera y relleno sabroso, buenos matices)
-Conos de pimiento del piquillo  y crema de puerro (impresionante masa con intenso sabor a pimiento, rico)
-Helado de mejillones en escabeche y aceite de laurel (gloriosa preparación, potencia, matices, complejidad y textura, para levantarse y aplaudir)
-Nuestro huerto ecológico (cogollos, agua de tomate, cebolla tierna y fresas, fresco y bien hecho pero no es el plato con el que yo disfruto)
-Pulpitos salteados, berenjena de nuestro huerto ecológico y pimientos del Padrón (grandes productos en un plato que puede resumir la filosofía del cocinero, delicioso)
-Arroz de gamba roja y mejillones (intensidad y melosidad, otro acierto)
-Canelón de pollo de corral y foie con bechamel de setas (la tradición mejor entendida, suculento)
-Piña colada (helado de coco y una maravillosa crema de piña y ron, un postre digno de todos mis elogios)
El café me pareció magnífico.
El personal, aunque algo irregular, se mostró diligente. La amabilidad y la cercanía de Jeroni se deben resaltar.
Pagamos (muy a gusto) 39 € por persona.
Un menú contra el que es difícil competir, ciertamente. Productos puestos al servicio de una idea, de un compromiso, y con resultados destacables.
Observo una madurez muy redonda en estos platos, el viaje de esta cocina ha sido exitoso. Y yo lo celebro.
El Delta del Ebro y el interior de Tarragona en los platos, siempre primando la nitidez de los sabores y la tradición puesta al día. Lo que uno espera encontrar, vamos...
Qué bien.








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