El Food Hall de la Galería Canalejas es otra de las grandes apuestas madrileñas recientes. La visita es interesante de por sí, pero además hay buenas opciones donde elegir.
Esta vez opté por esta taberna gallega.
Un simpático pulpo gigante domina la sala, además de una pretendida rusticidad.
Mesas desnudas, copas correctas y servilletas de papel. La porcelana de Sargadelos lo mejora todo, sin duda alguna.
La carta se basa en producto gallego, con gran representación de marisco. En lo enológico, pocas referencias y Galicia casi en exclusiva. Opté por el monovarietal de godello que etiquetan para la casa y me agradó.
Cenamos:
-Zamburiñas a la plancha (realmente volandeiras, creo que no las he comido mejores, fascinantes)-Navajas a la plancha (limpias y sabrosas)-Pulpo a feira (especialmente tierno, muy rico)-Chipirones a la plancha al ajo perejil (buena textura, delicados)-Almejas a la marinera (receta clásica, salsa potente, quizá esperaba más presencia del bivalvo)
Me gustaría añadir que el pan es exquisito. No es sencillo encontrar piezas individuales de este nivel.
-Tarta de queso (bastante fina, textura conseguida)El café, nada especial.
El personal se mostró amable y eficaz, con un jefe de sala que domina la situación.
Pagamos 39 € por persona.
Esta taberna que, en un marco lujoso, realiza una cocina de producto, sencilla y directa, puede ser un ejemplo de la diversidad que este tipo de espacios necesitan para poder triunfar en la apabullante oferta capitalina.
Los puntos de cocción son impecables, como también lo son los aliños ligeros. Todo por y para realzar el sabor de la materia prima principal.
Disfrutamos mucho de esa honestidad (y de esos mariscos seleccionados, claro).
Disfrutamos mucho de esa honestidad (y de esos mariscos seleccionados, claro).
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