Quema, Zaragoza (V)

Aunque pasó mucho tiempo cerrado en la pandemia y aunque haya cambiado parte del personal, Quema sigue ahí.
Y en lo estructural, igual.
Se ofrece carta, menú con opciones y menú degustación (45 € incluyendo vino). Bebimos Anayón Chardonnay 2022 (D.O. Cariñena), que me gustó mucho, y La Miranda de Secastilla 2019 (D.O. Somontano), que siempre cumple.
Llega la comida:

-Aperitivos (correctos, destacando el crujiente de coco y curry)

-Gazpacho de maíz, ceviche de langostinos y boniato (acertada combinación, magnífico aliño del marisco)

-Milhojas de anchoa del Cantábrico, crema de queso tronchón y pimiento rojo (buen bocado, la crema de queso merece mayor protagonismo)

-Guiso de calamar en su tinta, espuma de cebolla caramelizada y arroz inflado (satisfactorio, texturas y sabores conseguidos)

-Corvina, salsa exótica de crustáceos, pesto de guisantes y pistachos y chips de kale (gran punto del pescado y deliciosos contrastes)

-Taco de rabo de vaca guisado con un toque de sake y mirin, crema de coliflor y crujiente de patata (goloso, intenso y bien presentado)

-Crema de mascarpone, café y chocolate (exquisito postre)

-Petit fours (buen final)
El café, agradable.

El personal se mostró amable y eficaz.
Pagamos 47 €.
Un día especial requería asegurar una buena comida. Y así fue.
Seguimos estando ante una casa fiable, de las que no abundan, y en la que dejarse llevar suena demasiado bien.
El legado está bien recogido y actualizado.
Adelante.




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