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Sola, París (Francia)

Hay restaurantes de los que uno espera mucho, Sola era uno de ellos.
Ni gastronomía francesa ni gastronomía japonesa, creatividad. El chef Hiroki Yoshitake y su equipo ofrecen una de las cocinas más singulares y personales que recuerdo.
El local está situado casi a orillas del Sena y enfrente de Notre Dame, muy céntrico pues. Pedí el salón japonés, en la planta baja. En él debes descalzarte y ponerte unas cómodas zapatillas y sentarte en el propio suelo dejando las piernas en el hueco creado a tal efecto. Curiosa puesta en escena.
Mesas vestidas con un camino de mesa y servilletas de tela, copas correctas. Sitio muy especial.
Lo primero que se sirve es una de esas toallitas que "crecen" con el agua, está visto pero me gusta.
Al medía día el menú vale 48 € y no hay otra opción (por la noche son 88 € e incluye más platos). Vinos a precios poco simpáticos pero muy interesantes. Bebimos una copa de Château de Suronde Anjou 2010 (Anjou A.O.C.) que resultó un buen vino, aromático y expresivo.
El agua con gas, Chateldon 1650, merece todas mis alabanzas.
En algún plato reconozco algún problema de comprensión pero bueno, allá vamos:
-Trucha ahumada, crema de almendra mollar y nabo (insipidez rota por el pescado y sus huevas, delicado)
-Tomates, bogavante y crema de melón (uno de esos platos que se te quedan en la memoria, productos de temporada y varias preparaciones para un resultado complejo y armonioso como pocos, delicia absoluta)
-Calabacines, shiso y mejillones de roca (sorprendentemente sabroso, otra preparación interesante)
-Lenguado, berenjena ahumada y trufa de verano (sobresaliente, pescado sublime y otra vez muchos matices)
-Lomo de cerdo ibérico, soja fermentada y rebozuelos (quizá lo menos notable de la comida, intenso y agradable pese a todo)
-Té matcha y vainilla (postre de altísimo nivel, enorme sabor de esos dos ingredientes y multitud de texturas, un acierto)
-Nubes de soja (con el café, muy finas y ligeras)
Café bastante bueno para acabar.
El personal es todo un ejemplo de saber hacer y de amabilidad.
La cuenta ascendió a 65 € por persona, me parece correcto.
Estamos ante un gran restaurante, ante un gran equipo pero que no es fácil de definir. Aquí en los platos se sirven emociones. Las preparaciones muestran un abanico de sabores que dudo se pueda encontrar en muchos restaurantes alrededor de todo el mundo. Hay notas japonesas, sí, pero solo dominan si esa es la intención.
Esta experiencia es algo más, te sumerges en un concepto, en una personalidad.
Aquí sacias tu hambre pero más tu intelecto.

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