La gastrocroquetería de Chema, Madrid

No sabría decir el motivo por el que tenía ganas de conocer este local, pero ya hacía tiempo...
Espacio pequeño y acogedor, decoración cuidada.
Mesas desnudas, servilletas de papel y copas mejorables.
La carta es sugerente como pocas, no solo hay croquetas, pero estas apetecen. Se ve buen gusto. Pregunté por vinos por copas y me ofrecieron Oveja blanca Moscatel seco 2013 (D.O. Uclés), sorprendente y amplio, y el Oveja tinta Graciano 2013 (D.O. Uclés), también muy interesante. Esto quiero yo cuando pregunto por vinos por copas, que me ofrezcan algo curioso, algo que me remueva.
Llega la comida:
-Cuscús con salmorejo (un muy buen comienzo)
-Ensaladilla rusa con espuma de mayonesa, ahumados y caviar (deliciosa, inesperadamente ligera y muy equilibrada)
-Croqueta de sepia en su tinta gratinada (muy agradable)
-Croqueta de pato con foie (quizá la menos sorprendente)
-Croqueta de sobrasada con chocolate (explosiva combinación)
-Croqueta de gambas al ajillo (la mejor de todas, excepcional)
-Croquetas de tarta de queso con arándanos (otro acierto)
El café también estuvo a la altura.
El personal se mostró amable y capaz.
Esta comida frugal costó 25 €. Adecuado precio.
Opté por las croquetas, pero aquí puedes comer muchas veces y de muchas maneras. Me gustó el sitio y el concepto.
Las mejores notas aparecen con la creatividad, eso suele hablar bien de un cocinero.
Recomendable.


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