sábado, 14 de noviembre de 2015

Canalla Bistro, Valencia

Infinitas ganas le tenía a este local de Ricard Camarena. La visita fue en julio, como todas las de Valencia que llegarán a este blog, pero problemas variados me han impedido contar antes la experiencia.
Local desenfadado, atractivo y muy actual.
Mesas con manteles individuales y demasiado juntas. Copas correctas.
La carta ofrece muchas propuestas, entre las que seleccionamos la cena, y un menú a compartir. Apetece todo. En lo enológico se exponen pocas propuestas a precios contenidos. Escogimos un jugoso Puerto Salinas blanco 2013 (D.O. Alicante) y un muy expresivo Mestizaje blanco 2013 (D.O.P. El Terrerazo).
Cenamos:
-Cucurucho crujiente de salmón, aguacate y wasabi (buen bocado para empezar, delicado)
-Pastisset de aguardiente, boniato y foie gras (exquisito, platazo)
-Sandwich nigiri de anguila ahumada y berenjena miso (otro acierto, cocina japonesa bien reinterpretada)
-Empanadillas al vapor de langostino al ajillo (exquisitas, una de las preparaciones de la noche, sabor y textura)
-Mozzarella rellena de pulpo encebollado (más fusión, especias y buen producto)
-Sashimi marinado de pez mantequilla, espinacas salteadas y jengibre (otra de las estrellas de la noche, gran punto del pescado)
-Bocata al vapor de cerdo Pekín (sabrosísimo, lo que me apetecía para cerrar la parte salada, un placer)
-Corte de helado de Ferrero Rocher (de unos 25 cm. de diámetro, impone su llegada a la mesa y también su agradable sabor)
-Espectacular melocotón helado (haciendo honor a su nombre es un absoluto y rotundo espectáculo, un trampantojo inteligente, un postre mayúsculo)
Un muy buen café cerró esta gran cena.
El servicio, informal y amable, está acostumbrado a la sala llena y eso se nota.
La cuenta ascendió a 40 € por persona, correcto.
Cocina actual para multitudes, bien hecha y bien presentada
El éxito de este local es merecido, no hay duda alguna. Ricard Camarena ha encontrado la tecla y sabe tocarla, creatividad bien entendida y disfrute asegurado. De aquí sales más feliz, con ganas de volver una y mil veces. Si viviera en Valencia este sería mi cuartel general.
Hay que ir.


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