martes, 23 de febrero de 2016

Umiko, Madrid (II)

Quería que mis acompañantes conocieran este restaurante japonés creativo que me causó tan buena impresión. Allá vamos.
De nuevo, barra. Todo igual.
Nos pusimos en manos de Pablo y Juan para lo sólido, un onomakase con ciertas peticiones. La carta de vinos ofrece propuestas sugerentes, opté por un Dr. Bürklin-Wolf Ruppertsberger 2014 (Pfalz, Alemania), complejo y equilibrado e ideal para esta comida, y una copa del agradable Gaba do Xil Godello 2014 (D.O. Valdeorras).
Comimos:
-Edamame con romesco japonesa (gran comienzo)
-Skeletor de salmonete (técnica ike jime en la muerte y una salsa de yuzu, soja y remolacha que emula la sangre del pescado, absoluto espectáculo visual y gustativo, no me cansaría nunca de comer esas delicadas láminas)
-Tartar de atún con espagueti japo (ya conocido, bien sabroso)
-Nigiri de salmonete con pil-pil de su cabeza y espina frita (sigue majestuoso, ¡qué manos tiene Pablo!)
-Nigiri de caballa con tomate (contundente, éxito seguro)
-Nigiri de vieira y mantequilla (maravillosa mantequilla con ajo y vieira a la llama, inconmensurable preparación)
-Nigiri de paella (mismo gran nivel de mi otra visita, una barbaridad)
-Nigiri de pez limón a la bilbaína (otra combinación imbatible, delicia)
-Nigiri cordobés (nada que añadir, sigue al más alto nivel)
-Costilla de mar (galete de atún con jugo de carne y yuzu y ensalada de microvegetales con vinagre de manzana, pieza perfectamente guisada, placer)
-Curry tuna (facera de atún en una salsa impresionante, tanto como el arroz que acompañaba, otro gran plato)
-Mejillones takara ume (con una salsa de nata, chalota y ciruela que me comería tranquilamente a cucharadas, muy curiosos)
-Flan de queso y té verde con lichis (buen final para esta comida)
El café también estuvo a la altura. También el sake.
El servicio fue muy correcto. La barra vale la pena solo por poder compartir reacciones e impresiones con los sushimen.
Pagamos 61 € por persona, esto fue un homenaje. Los precios son adecuados.
Pues bien, otra gran experiencia en un gran restaurante. La valentía del proyecto no parece detenerse, lo aplaudo y les animo a seguir en esa línea. Los guisos de atún y alguna otra propuesta pueden marcar el camino de progreso.
La cocina cruda es la enseña de la casa y sigue fantástica, apetece probar nuevas creaciones, ahí también se puede profundizar.
Imprescindible.



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