domingo, 13 de marzo de 2016

Cañadío, Madrid (II)

Volvía a Cañadío con muchas ganas de disfrutarlo y de que lo conocieran mis acompañantes.
De nuevo en el piso de arriba y de nuevo mucha comodidad.
Nada ha cambiado. Tampoco la carta, que sigue apeteciendo mucho...
En cuanto a vinos vi interesantes referencias (en mi visita anterior solo tomé copas) y a precios adecuados. Opté por un sorprendentemente estructurado Antonio Montero Autor 2015 (D.O. Ribeiro) y un fantástico Dominio de Tares Cepas Viejas 2012 (D.O. Bierzo).
Comimos:
-Aperitivo (muy buen buñuelo de bacalao y agradable crema de calabaza)
-Puding de cabracho de roca (increíble textura y espectacular sabor, lo ya sabido y que nunca deja de sorprender)
-Rabas (las mejores entre sus semejantes)
-Croquetas de chorizo de Potes (inconmensurables de nuevo)
-Albóndiga de bonito y calamar con salsa roja (incluido entre mis platos destacados de 2015, sigue a la misma altura)
-Cachón en su tinta con arroz cremoso (fantástico guiso clásico)
-Rape en salsa de mejillones (una de las propuestas del día, gran punto del pescado y dos salsas de mejillones, una de ellas en escabeche, que elevaban el plato y redondeaban el resultado final, enorme)
-Corvina con guiso de verduras y chipirones (otra preparación maravillosa, aunque prescindiría de la mayonesa)
-Tarta de queso (la locura, todavía mejor que en mi visita anterior, postre de los grandes)
Correcto café y mejor medio gin-tonic, ambos cortesía de la casa, para acabar.
Personal especialmente amable y honesto y con todas las ganas de agradar. Así da gusto.
Pagamos 44 € por persona, inmejorable relación calidad-precio.
Es poco habitual que repita tantos platos al volver a un restaurante pero, como digo, trataba de presentar esta cocina a mis acompañantes. Bien lo merece.
El clasicismo mezclado con contemporaneidad de esta casa y de su cocina es siempre una alegría. Cuesta encontrar tanto acierto seguido.
Los puntos, las texturas, las sazones y los equilibrios son la seña de identidad de este restaurante que mima cada detalle. El disfrute del comensal es el objetivo y se logra.
Les animaría a cambiar un poco la carta para sorprender a los clientes, pero si la cosa funciona...
Imprescindible.

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