domingo, 3 de julio de 2016

Lúa, Madrid

Por fin el nuevo Lúa, por fin vuelta a un grande, que además ya es reconocido. Ellos no lo saben, pero este restaurante es parte importante de mi aprendizaje, de mi experiencia... Aquellas visitas al local inicial ayudaron a forjar esta afición y alguna relación.
Vamos con lo importante. El local es precioso, una parte (y la terraza) se dedica a barra y la otra al restaurante propiamente dicho. Decoración cuidada, con guiños a la contemporaneidad.
Mesas bien vestidas, con una magnífica mantelería de hilo, y con buena distancia entre sí. Copas idóneas.
Aquí se viene al menú degustación, a ver qué ofrece Manuel, y a disfrutar. Se dice que hace cocina gallega actualizada pero soy poco de esas etiquetas, a veces tan forzadas. En lo enológico me dejé guiar y probé el espléndido Jané Ventura Vintage Gran Reserva Brut Nature (D.O. Cava), el sorprendente Chivite Finca de Villatuerta Chardonnay sobre lías 2014, el grandioso A tiro fijo Tinto Coto de Gomáriz (Galicia, sin D.O.) y el cumplidor Château du Mont Cuvée Jeanne 2011 (Sauternes A.O.C.). Bien elegidos todos.
Comí:
-Aceituna esferificada (correcta)
El aceite, Oro de Bailén, y el gran pan que se gasta en esta casa la mejoraban notablemente.
-Foie micuit sobre empanada de pera y queso San Simón caramelizado, salsa de membrillo (delicado, buen bocado)
-Gazpacho amarillo de melocotón, helado de papaya, huevas de tobiko, tirabeques y polvo de mango (platazo, un gazpacho que no lo es mucho, con lo cual ideal para mí, y muchos matices interesantes)
-Cococha de merluza, pil pil de lima y alcachofa (otra preparación notable, óptimo punto)
-Encurtido de chicharro (muy suave y armonioso, buen producto)
-Socarrat de conejo con viera y salsa de su coral ahumado (delicia absoluta, uno de esos platos que no quieres que acabe, técnica y producto)
-Pulpo estofado en salsa de tomatillo verde y fresas (la estrella de la comida, incontestable pulpo con un juego de sabores perfectamente estructurado, éxito rotundo)
-Taco de rabo de ternera con hierbas (sabroso y aromático a la vez que refrescante)
-Sorbete de mandarina y espuma de coco (algo anodino, la verdad)
-Cremoso de queso San Simón con sopa de violetas (muy agradable especialmente la sopa, hubiera preferido algo más contundente para acabar)
Con el maravilloso café llegaron unos muy buenos petit-fours, cosa que me encanta.
El personal estuvo inmaculado, un placer ver esa profesionalidad. Destacaré la sonrisa y amabilidad de la camarera.
La cuenta ascendió a los 80 €, adecuado.
Todo como creía que iba a ser. Hay continuidad pero también cierto progreso y mejor marco. La cocina de Manuel Domínguez, del que me gustaba que saliera a saludar, está en un buen momento y puede crecer.
Las distinciones no cambian nada pero ayudan mucho, ¡qué vengan más!
La barra apetece mucho pero el menú degustación es la confirmación de un talento, de una visión muy personal de todo esto.
Lo de siempre y algo más...




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