jueves, 22 de enero de 2015

Lillas Pastia, (Huesca) (II)

Volver a este restaurante es siempre emocionante.
Mi última visita fue hace un par de años. La cocina ha sido reformada desde entonces y es preciosa, pero los baños continúan sin estar a la altura.
Resto sin cambios, la sala me parece maravillosa.
Escogimos de nuevo el menú Carmen (35 € más IVA). El vino fue un fresco Viñas del Vero blanco 2014 (D.O. Somontano) y el magnífico Enate Cabernet-Merlot 2012 (D.O. Somontano).
Comimos:
-Pan de aceituna negra, tomate asado, ajo y aceite de albahaca (realmente bueno)
-Aperitivos (aceituna negra esferificada, macaron de mantequilla trufada, terrina de anguila y foie y croqueta de chipirón en su tinta, simplemente espectaculares)
-Royal de foie con guiso de lentejas caviar (acertadísima combinación, me encantó)
-Arroz de trufa (con trufa fresca rallada y foie encima, mejor de lo que lo recordaba, cremoso y sabroso hasta el extremo)
-Rabo de buey estofado (me apetecía probarlo, lo esperaba deshuesado, tonos de anís estrellado, interesante)
-Café irlandés (en texturas, agradable postre)
El café, extraordinario.
El personal se mostró amable y capaz. Mi único pero vendría por cierta (muy leve) falta de atención al llenado de las copas.
La cuenta ascendió a 41 € por persona, muy adecuado.
Las habituales buenas impresiones subieron esta vez un escalón más. Un chef en estado de gracia que vale la pena conocer, una sala que se disfruta de verdad.
Huesca es una ciudad con muchas opciones en lo gastronómico y este restaurante es uno de sus mayores y mejores exponentes.



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