miércoles, 18 de enero de 2017

Lillas Pastia, Huesca (III)

Celebración que merece marco acorde, vuelta a un gran restaurante.
Nada ha cambiado desde mi última visita.
Nos decantamos de nuevo por el menú Carmen (37 € más IVA) que incluyó un muy expresivo Viñas del Vero Chardonnay 2016 (D.O. Somontano).
Comimos:
-Crudités de verduras con tierra de aceituna negra (lo probé hace unos años pero se ha modificado el aliño de la tierra, ahora con kimchi y naranja, y que, acompañada de una mousse de queso de cabra, resulta fascinante)
-Sopa de cebolla con huevo poché, cristales de hongos (los cristales, que se comen antes de servir la sopa, son espectaculares, la sopa rezuma elegancia)
-Arroz de trufa Tuber Melanosporum (un plato que alabo cada vez que lo pruebo, un escándalo absoluto)
-Cocochas de bacalao al pil-pil (Gran producto y mejor salsa, con todo el sabor y la textura que uno espera)
-Chocolates (bien pero sin alharacas, el postre de lichis y rosas de uno de mis acompañantes le sacaba varios cuerpos de ventaja)
El café estuvo a la altura.
El personal anduvo muy correcto, como siempre.
Pagamos unos adecuados 43 € por persona.
Pues sí, lo de siempre, gran nivel. En la vida es más difícil mantenerse que llegar, pues aquí lo consiguen. Carmelo Bosque ha encontrado la fórmula y la explota.
Larga vida.

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