El Mercado de San Miguel es una obra de arte en sí mismo, en su concepto y en su desarrollo. Esta vez no había mucho tiempo para comer, así que fue fugaz pero agradable.
No es el mejor sushi de Madrid, pero sirve para volverme a acordar de lo que me gusta la comida japonesa. De beber, Asahi, la fantástica cerveza nipona.
Pues sí, de Raza Nostra, poco hecha, con un buen pan y algo de mostaza. Jugosa.
Como este mercado es recurrente en mis viajes a Madrid, volverá a aparecer por aquí. Por ahora, aquí queda esta leve pincelada.
Tras el reconocimiento de rigor, nos fuimos al sushi, una de mis debilidades, de Sushimarket y allí tuvimos que hacer una parada.

Y luego, ¿una hamburguesa?

Como este mercado es recurrente en mis viajes a Madrid, volverá a aparecer por aquí. Por ahora, aquí queda esta leve pincelada.
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