Rafa's, Roses (Girona)

Pongámonos todos en pie, que esto es una de las catedrales de esta religión nuestra, la comida.
La plancha y la vitrina de Rafa Cantero son testimonio vivo de la existencia de la perfección gastronómica, vamos allá.
Era mi segunda vez, la primera está descrita aquí, pero tenía mucho de iniciático por la compañía.
Sigue el mismo local modesto, la misma nula decoración... Han mejorado las copas ligeramente, eso sí.
La carta es la nevera de pescados, la mar fue ese día poco benévola pero sigue habiendo muchas posibilidades.
En el apartado de vinos parece que también se ha profundizado en variedad y calidad. Precios comedidos. Escogí un Verd Albera 2013 (D.O. Empordà), fresco y goloso, y un Magenc Blanc 2013 (D.O. Empordà), muy equilibrado e interesante.
Llega la comida:
-Anchoas (caseras, con un pan maravilloso, nunca las he probado mejores, increíbles)
-Espardeñas (placer humano, producto fetiche donde los haya, si se puede hay que probarlas alguna vez en la vida, mejor todavía si antes han pasado por la plancha de hierro de este local)
-Chipirones (minúsculos, no es la mejor temporada, pero exquisitos)
-Gambas (el producto por excelencia de Roses, espectaculares)
-Negrito (pescado que no había probado y me encantó, mejor sabor que textura)
-Trufas de chocolate y regaliz (correctas)
El café pasó el corte.
Aquí no se puede calificar al personal como en otros restaurantes, esto es casi la casa de una familia. El buen ambiente que transmiten Rafa y su mujer es verdaderamente extraordinario.
El precio anduvo por los 50 € por persona. Digamos que, para mí, la conversación con Rafa ya vale mucho más que eso.
Esto es mucho más que una comida, es una reivindicación de un artesano de la plancha y de los pescadores que le surten de materia prima. La experiencia que supone comer en este local está a la altura de muy pocas.
Ver el oficio de Rafa en su plancha de hierro y su criterio a la hora de escoger los pescados, escuchar sus explicaciones, sus anécdotas y sus gustos personales es un auténtico lujo.
Tiene fama de caro, pero esta vez tampoco me dio esa sensación. Incluso si no aprecias lo expuesto anteriormente, la calidad del pescado y del marisco vale cada euro pagado.
Quizá sea el sitio al que hay que ir, no solo por la comida (que también), sino por ser parte de todo eso aunque sea solo por un par de horas.
Mis respetos, Rafa...


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