Pudimos encontrar tiempo para una escapada en pareja y elegimos el hotel Tancat de Codorniu por, sobre todo, albergar este restaurante estrellado.
El restaurante se despliega en un bajo de la antigua residencia de verano del rey Alfonso XII. Su pared acristalada se abre a la finca de naranjos que domina el entorno a unos metros del mar.
La sala es bonita y acogedora.
Manteles y servilletas de hilo. Copas óptimas.
La cocina de Aitor López habla de paisaje, de recuerdos y de técnica. Se ofrecen tres menús y nosotros escogimos el más largo, Sol de Riu (112 €). En cuanto a vinos, carta muy bien hecha a precios adecuados. Siguiendo los consejos del chef, optamos por el espectacular Valentin Leflaive Extra Brut Blanc de Blancs Σ 20 4.0 (Champagne A.O.C.), fresco y complejo. También probamos Fondillón 1996 “Estés donde estés” (D.O. Alicante), una maravilla, y se nos invitó a una copa de Castell D’Encús Ekam Esséncia 2023 (D.O. Costers del Segre), cítrico y delicado.
Comimos:
-Chacinas de atún (un gran comienzo, sobresale la semimojama que sirve a modo de coca con piñones y cebolla)
-Cebolla asada y cigala (muy fino)
-Anchoa con queso ahumado (rico)
-Jugo de crustáceos (sin más)
-Langostinos (preparados en sala, exquisitos)
-Royal de perejil y berberechos (un plato estratosférico, intenso y jugoso, me encantó)
-Espárrago con lisa y frutos secos (y lías de vino, otra gran preparación plagada de sabor y equilibrio)
-Ravioli de gamba roja con acelga (otra versión del clásico, buenísimo)
-Endivia con holandesa y caballa (agradable)
-Suquet de pescadilla y almendras (fantástica salsa, buen punto)
-Cococha y buñuelo (un bocado de altura)
-Colmenillas y cecina (un exceso de sal arruina una idea interesante)
-Codorniz, parfait de perdiz y coles de Bruselas (falta definición)
-Wellington de berenjena ahumada y cap i pota (conseguido, esencialmente goloso)
-Polvo de yogur, naranja y granola (una alegría, un prepostre que, en esa situación, es difícilmente mejorable)
-Melocotón en conserva, lías de moscatel y mantequilla tostada con helado de levadura (algo anodino)
-Petit fours (irregulares, las masas necesitan reformularse)
El café final me gustó mucho.
El personal se mostró excepcionalmente capaz.
Pagamos unos 177 € por persona.
Cocina mediterránea con mezcla de recetario catalán y valenciano, mucho producto de proximidad y todo el bagaje del chef y su equipo al servicio de un proyecto ganador. Y todo eso se encuentra el cliente que busca disfrutar.
El nivel general es alto, pero hay platos que desentonan. Empieza mejor que acaba, de hecho.
Una experiencia gratificante en un paraje extraordinario.
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