Calcáreo es un bar de vinos donde se come bien. O eso dicen. Vamos con él.
El local es austero y la cava domina la estancia.
Mesas desnudas, servilletas de papel y muy buenas copas.
Se ofrece carta y menú (38 €), que era nuestra idea. En lo enológico, nos pusimos en manos de Sergio Mújico, dueño y sumiller, que se esforzó mucho en que bebiéramos cosas interesantes. Probamos Dominio de las Ánimas Banco de velo 2024 (sin D.O., El Puerto de Santa María), complejo y salino, Doniene Gorrondona Lipar 2024 (D.O.Bizkaiko Txakolina), un rosado con algo de volátil y marcada acidez, Forstmeister Geltz-Zilliken Butterfly Riesling 2024 (Mosel), fresco y vibrante, O Dono 2025 (D.O. Ribeira Sacra), un tinto frutal y ligero, Doniene Gorrondona HO.BE 2019 (D.O.Bizkaiko Txakolina), más maduro y afinado, Diatomists Pedro Ximénez Singular Botas (sin D.O., Jerez de la Frontera), un dulce fantástico, Itsasmendi Urezti 2020 (D.O. Bizkaiko Txakolina), un txakoli de vendimia tardía, y Olivia Sidra de Postre (Asturias), mezcla de sidra de hielo y sidra de fuego que me dejó fascinado.
Comimos:
-Ensalagilda (ensaladilla con mucho encurtido, sin más)
-Mejillones gallegos en escabeche casero (muy ricos)
-Brioche de sardina ahumada con queso (excelente producto)
-Croquetas de jamón (anodinas)
-Txipi relleno de butifarra (con los tentáculos fritos, un bocado sublime, cuerpo firme y relleno muy sabroso)
-Tarta de limón de la abuela (no hay foto, correcta)
Mejorable café final.
El personal se mostró muy profesional.
Pagamos unos 60 € por persona.
Quizá la idea de elegir botellas de su bodega es lo más adecuado, pero quisimos probar más cosas y lo pasamos realmente bien.
La comida acompaña adecuadamente, pero no llega a emocionar. A excepción, claro está, de ese chipirón relleno que me encantó.
Se nota el gusto por los vinos naturales, pero lo cierto es que es un local a tener muy en cuenta.
Una copa y mucho más...
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