En Menorca abundan los restaurantes de producto, y éste que nos ocupa lo es, casi un templo del pescado y el marisco fresco.
La decoración y el mobiliario son de otra época, lo mismo se puede aplicar a sus manteles de cuadros, indescriptibles.

-Raya frita (técnica impecable y textura sorprendente, acompañada de unas patatas fritas que no olvidaré y de huevo frito, un plato notable)
-Navajas (buen producto, sabrosas)
La decoración y el mobiliario son de otra época, lo mismo se puede aplicar a sus manteles de cuadros, indescriptibles.
La terraza en la que nos sentamos da al puerto, pero no a su parte más bonita precisamente.
Mesas con esos horribles manteles y copas aceptables.
La carta ofrece platos de cocina marinera, algunos de ellos muy personales. En lo enológico, lo imaginable, vinos locales y de grandes distribuidores. Me quedé con El perro verde 2010 (D.O. Rueda), un vino con carácter y expresividad, muy placentero.
Cenamos:

-Escurpiñas (media ración, crudas y con limón, nunca las había probado, simplemente bien)

-Espardeñas (media ración, rebozadas y fritas, excelentes, pero las prefiero a la plancha)


-Biscuit con chocolate caliente (inesperado buen postre)
La cuenta llegó hasta los 45 € por persona.
El servicio es manifiestamente mejorable.
Si uno consigue olvidarse de la decoración ochentera, de las mantelerías de restaurante infame y de las tristes ensaladas como guarnición, podrá apreciar cocina de producto con toques de personalidad.
Pescados y mariscos frescos de calidad y buena mano son las armas del local. Urgen algunas revisiones y algunos cambios, pero se da bien de comer.
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