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Le bistrot Paul Bert, París (Francia)

Cenar en un bistrot parisino clásico es uno de esos placeres que un aficionado a esto de la gastronomía debe concederse, sin duda alguna. Este local fue mi primera opción.
Situado en un barrio joven, vivo y lleno de grandes restaurantes, de él destacan sus carnes y sus preparaciones de grandes platos de la gastronomía francesa.
Mesas muy juntas, manteles de papel y copas pésimas, ¿parte del encanto o muestra de lo poco que importan esas cosas por allí?
Hay fórmula o menú, llámese como se prefiera, y los platos apetecen, todo por 36 €. Gran carta de vinos, con cientos de referencias, a precios parisinos (altos). Me quedé con un Abracadabrantesque 2010 (Coteaux Varois en Provence A.O.C.) que estaba realmente bueno, una agradabilísima sorpresa. Con los postres llegó una copita de Antoine Arena Muscat du Cap Corse 2011 (Muscat du Cap Corse A.O.C.), fresco y con un ligero dulzor muy interesante.
Cenamos:
-Terrina de campaña casera (fantástica, uno de esos platos que dan sentido a un viaje, acompañada de unos rebozuelos escabechados y un pan que para nada desmerecían)
-Pintada asada en su jugo con nabos (otra delicia, perfecta cocción del ave y buena guarnición)
La carne de mi acompañante era de gran calidad también (y las patatas fritas adictivas).
-Macaron con frambuesas (lo esperaba más tosco pero no, delicado y muy sabroso, para comerte varios)
El servicio fue informal y alegre e intentó ayudar en todo momento.
Pagamos 50 € por persona pero mi acompañante solo comió un plato. Buen precio.
Leí varias críticas y opté por este bistrot y no por otros muchos, creo que fue un acierto evidente. Se paga como en casi todos los de cierto nivel, pero se disfruta bastante más.
Lo llamativo está en la tipicidad del sitio, en su autenticidad, en su materia prima, en sus puntos de cocción... Aquí no se innova, aquí se perfecciona.
No lo duden, gran bistrot.

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