Baserriberri, Pamplona

En la búsqueda sobre Pamplona descubrí este restaurante que me transmitió buenas sensaciones. Veamos.
Para llegar al restaurante hay que atravesar el bar de pintxos, alma del establecimiento. Decoración ecléctica, nada especial. Cocinas vistas.
Mesas desnudas. servilletas de tela y copas mejorables.
La opción es el menú "7 viajes de fin de semana" (28 €), cocina del mundo y creativa, y antes probamos el pintxo ganador de este año. Bebí agua con gas esta vez.
Comimos:
-BoomVeja (pan de leche de oveja con lactonesa y cordero guisado, más efecto que sabor, correcto pese a todo)
-Vermú de la casa (agradable)
-Corteza negra con verdel marinado (buen bocado)
-Ceviche de salmón con aguacate (demasiado evidente, poco riesgo en los aliños)
-Espárragos de Navarra en texturas (gran plato, la mezcla de las partes daba sentido al conjunto)
-Falso risotto de setas (en realidad puntalette, acertado)
-Hamburguesa de jurel con wasabi (otro buen resultado, bien hecho)
-Taco de liebre (taco algo seco, salsa con muchos matices que mejoraba el plato)
-Bizcocho de zanahoria y helado de frutos rojos (deslavazado, buen bizcocho)
-Financier con pacharán, piña con Malibú (como petit four, delicioso, me gustó más que el postre)
Café aceptable para acabar.
El personal se mostró amable. En el debe pondremos algún tiempo excesivo de espera entre platos.
Pagamos unos 35 €.
Lo cierto es que disfruté. Preferiría un poco más de valentía con especias y cítricos, pero supongo que es el peaje para llegar a públicos mayoritarios. Se ven ganas y saber hacer, cada plato tiene buenos detalles que ensalzar.
Ante la fusión que lo impregna todo, está bien marcar una personalidad. Quizá este chef lo logre, advierto cualidades.

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