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Los berengueles, Córdoba

Buscábamos algo clásico en Córdoba y me decanté por este restaurante.
El local es grande y tiene diferentes espacios.
Nos ofrecieron una mesa en el patio típico, muy bonito.
Manteles de tela y servilletas de papel. Me dio la impresión de que, según lo que pedías, las servilletas eran de tela o de papel, algo que me parece muy desagradable. Copas mejorables.
Hay varias cartas en una, una de platos típicos cordobeses, otra de tapas, otra especializada en pescado... Muy variado. Optamos por lo local. En cuanto a vinos, una de esas cartas que no hay por donde coger, un absoluto despropósito. Elegí un correcto Hacienda López de Haro Crianza 2014 (D.O.Ca. Rioja). Se sirvió, cortesía de la casa, una copa de un buen Pedro Ximénez D.O. Montilla-Moriles que no identificaron.
Comimos:
-Salmorejo (no he probado muchos porque no me apasionan pero diría que es el mejor, impresionante textura)
-Berenjena frita (espectacular, el plato que siempre me recuerda a Córdoba)
-Flamenquín (bien hecho, inconmensurables patatas fritas caseras)
-Rabo de toro (supongo que en realidad de ternera, guisado con Pedro Ximénez y de nuevo con esas patatas maravillosas, muy rico)
-Milhojas de nata con chocolate caliente (agradable)
El café no fue nada especial.
El personal se mostró amable y atento, sobró alguna espera.
Pagamos 26 € por persona.
Conseguí lo que iba buscando, clasisicismo, tipicidad y autenticidad. Y todo bien hecho.
Ahora bien, esa carta de vinos y esas diferencias entre comensales son inadmisibles.
Iría, eso sí, muy a menudo a probar esas patatas y esas berenjenas si me pillara cerca de casa.
Salí contento, me apetece volver.

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