Puerta del Sol, Oropesa del Mar (Castellón)

Parece el restaurante más interesante de la localidad, así que había que conocerlo.
Ubicado frente al mar, del que le separa una calle. Posee terraza pero comimos en el interior.
Decoración marinera actual, con pretendido aire noble.
Mesas bien vestidas, copas pésimas.
Se ofrece cocina del mar, aunque hay mucha variedad de opciones. No hay menú. En lo enológico, carta corta y de poco interés. Escogí Clos d’Esgarracordes Blanco 2018 (I.G.P. Castellón), que considero correcto, y Jean Leon 3055 Chardonnay 2018 (D.O. Penedés), que no mejoró mucho el nivel.
Comimos:
-Pan y alioli (muy bien servido, rico)
-Navajas a la plancha (canyuts, les sobra el ajo pero son un bocado delicioso)
-Fritura de pescado (arruinada por la incomprensible falta de sal, pese al buen producto)
-Arroz del senyoret (mucho y maravilloso sabor aunque algo justo de punto, marisco pasado de cocción)
-El aguacate, mousse de vainilla con chocolate y maracuyá (hecho por un pastelero de la zona, conseguido trampantojo y agradable postre)
El café no se ganó mis elogios.
Se sirvió un chupito de orujo cortesía de la casa.
El personal se mostró muy irregular.
Pagamos 60 € por persona. Del todo excesivo.
Entiendo que es el restaurante más ambicioso del entorno, pero le falta un escalón para ser lo que propone.
Esos platos merecen un cuidado mayor, pues producto hay.
Aparecen de nuevo aquí los "males de marisquería", esa falta de detalles y ese exceso de extras en la cuenta.
Con poco sería mucho.



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