Roma es muchas cosas, pero también es un buen lugar para desayunos, helados y cafés. Vamos a repasar lo vivido.
En Tazza D'oro, junto al Panteón, me gustó más el café que el maritozzo, pero cumplió.
En Slow me encantaron el café de especialidad y su slownest. Pistacho y algo de chocolate blanco en una masa impresionante.
En el bar del mercado Trionfale el maritozzo me pareció demasiado dulce.
En La fiorentina, la sfogliatella de ricotta y naranja confitada me pareció sublime.
El helado, el gelato, de Giolitti es un absoluto espectáculo. Sabroso, etéreo y muy diferente.
Regoli es una pasteleria centenaria y una visita obligatoria.
El maritozzo más rico del viaje, sin duda. Y un buen café.
En Venchi venden buenos chocolates y grandes helados.
En Il gianfornaio opté por su crostatina de nutella y bueno, sin más.
En Linari comí un cannolo realmente bueno. Café mediocre.
Luna by Faro me pareció una cafetería imprescindible.
De hecho, hay gran nivel de cafés en Roma. Destaco Forno Conti o Sant' Eustachio Il Caffè en sus diferentes estilos.
Y ya no me dio tiempo a más, pero cómo lo disfruté...
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