Estamos ante uno de los restaurantes gastronómicos que selecciona la guía roja en Biarritz y me apetecía mucho probarlo.
Situado muy cerca del mercado, presenta sala en dos alturas, cocina vista y decoración sencilla y actual.
Mesas desnudas y servilletas de papel. Copas mejorables.
Se ofrece cocina de bistró, sobre la base de producto fresco con preparaciones complejas. Hay carta y dos fórmulas, una de degustación y otra eligiendo de la propia carta y sugerencias con suplementos. Elegimos esta última (45 € más los citados suplementos en algunos casos). En cuanto a vinos, selección interesante a precios correctos. Bebimos Harana 2025 (Sare, Iparralde), un monovarietal de sauvignac de la zona y que resultó fresco y tropical, un acierto.
Comí:
-Tartar de ternera, sopa de almendra y helado de queso (con muchísimos matices picantes, aromáticos y refrescantes, intenso y muy equilibrado)
Me gustó mucho también el tartar de dorada, gambas y kiwi de mis acompañantes.
-Trucha de Ispéguy lacada con miso, polenta de maíz Grand roux al curry verde, brócoli y salsa de yogur (la magnífica polenta destacaba en un otro buen plato)
Me gustaron más todavía el magret de pato y los raviolis de carrillera de cerdo que se sirvieron en la mesa.
-Pasta choux, sorbete y compota de ruibarbo y ganache montada de wasabi (un postre descomunal, mucha técnica y sabores elegantes y sorprendentes)
La recopilación de quesos y la tapioca con leche de coco y fresas estuvieron también a gran altura.
El personal estuvo siempre atento y con muchas ganas de agradar.
Pagamos unos 62 € por persona.
La propuesta es sugerente, pero las sensaciones que deja son todavía mejores.
La estupenda materia prima se combina con los diferentes contrastes que dispone la cocina dando resultados notables.
Me gusta la valentía al escoger ingredientes y aliños y me gusta, quizá más todavía, que se exhiba el conocimiento de Joris Gille y su equipo.
Muy bien.
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