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Chez Albert, Biarritz (Francia)

Reconozco que me apetecía mucho conocer este restaurante de pescado y marisco en el puerto viejo de pescadores de Biarritz, pues representa buena parte de la esencia de esa ciudad.

Lo primero que llama la atención son los preciosos manteles azules y blancos de la Maison Jean-Vier, que ya son míticos.

Se nos asignó sitio en el salón interior, rústico y marinero. La terraza está muy demandada.

Mesas bien vestidas. Copas pésimas.

La carta ofrece productos del mar principalmente, pero también hay otras especialidades clásicas francesas. En lo enológico, pocas opciones a precios correctos. Elegí Domaine Abotia Irouléguy Blanc 2024 (Irouléguy A.O.C.), especiado y persistente.

Cenamos:


-Bandeja de marisco (hervido y servido con hielo como marca la tradición francesa, espectacular selección en la que sobresalen ostras, buey de mar y, muy especialmente, los langostinos)


-Foie gras mi-cuit, pan tostado de albaricoque y avellanas y gelatina de Jurançon (delicioso)


-Gran profiterol con chocolate caliente y helado de vainilla de Madagascar (agradable)


-Fontainebleau con frutas de temporada y caramelo (anodino)

El personal se mostró atento.

Pagamos unos 43 € por persona.

Pues efectivamente encontré lo que esperaba: altísima calidad en un ambiente relajado, bullicioso y diferente.

Recordaré mucho tiempo los mariscos que pudimos degustar. En alguna de las especies, de lo mejor que he probado.

La incómoda bajada al puerto merece la pena. Indudablemente.


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