Hacía mucho que no visitaba un restaurante de este grupo, pero esta vez la ubicación era propicia y la oferta era adecuada.
Local grande, con barra y varias salas. Decoración marinera actualizada.
Mesas bien vestidas y copas mejorables.
La carta se centra en pescados y mariscos, pero hay muchas opciones. En lo enológico, carta demasiado evidente. Bebimos Alma Atlántica Albariño (sin D.O., Galicia), un espumoso demasiado dulzón, y La Maldición Malvar Blanco 2024 (D.O. Vinos de Madrid), fresco y jugoso.
Comimos:
-Gazpacho (aperitivo, correcto)
-Navajas a la plancha (buen producto, deliciosas)
-Calamares de potera a la andaluza (estupendo calamar, fritura algo tosca)
-Cazón en adobo al estilo de San Fernando (delicado, me encantó)
-Gamba roja alistada al ajo dorado (decepcionante, esperaba más sabor)
-Rape a la bilbaína (excepcional pescado muy bien tratado, un auténtico disfrute)
-Petit fours (agradables)
El café requiere revisión.
El personal, muy irregular, carece de la formación necesaria.
Pagamos unos 58 € por persona.
Hubo luces y sombras, pero el restaurante cumplió con nuestras expectativas en términos generales. Y eso es importante.
La materia prima es la base y la gran fortaleza de esta casa. Ojalá a eso se sumara alguna técnica más refinada y algún detalle.
Repetiría con gusto.







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