Arrop Ricard Camarena (Valencia)

Uno de los grandes, Arrop Ricard Camarena, era la siguiente visita gastronómica. No puedo evitar sentir algo especial al entrar en un restaurante de este nivel. Sé que es comida, pero también sé que es historia, tradición, vanguardia y arte.
El acceso es algo difícil, una puerta pequeña y escondida dan paso a unas escaleras. Tras bajarlas aparece la una sala espectacular, preciosa, las antiguas murallas árabes de la ciudad se mezclan con paredes limpias y cristal para la bodega, un sitio en el que sentirte a gusto.
Las mesas no desentonan, mantelería de hilo y buenas copas.
Se ofrecen varios menús y carta, optamos por el Menú Arrop (58 €), que repasa clásicos de la casa. En cuanto a vinos, carta extensa con vinos de lujo y otros más asequibles. Ayudado por el sumiller, grandísimo profesional, escogí un Pago de los Balagueses Syrah 2007 (D.O. Utiel-Requena) que resultó ser equilibrado y amable, además de acompañar muy bien la comida.
El menú constó de:-Aperitivo (agradable, muy curioso el ceviche de nabo, también se sirvieron aceite de calidad y buen pan)

-Esponja de bacalao, miel y migas (extraordinario, muy frío, delicioso)

-Tarantelo de atún de almadraba "soasado" con cremoso de judías verdes (un plato mayúsculo, producto, texturas, técnicas, genial)

-Menestra de invierno con velouté de aceite del escabeche (simplemente, uno de los mejores platos que he probado)
-Calamar con cremoso de su tinta, puerros ecológicos, cilantro y lima (de nuevo fantástico, sentí pena al terminar el plato, punto óptimo)
-Bacalao con berenjena frita y asada, soja y fondillón (sabores bien conseguidos e integrados, buen plato)
-Solomillo de vaca a la brasa, endivia glaseada y bechamel de piparras (uno no espera sorprenderse con este corte, pero esta vez ocurrió, maravillosa carne y correcta guarnición)
-Café con leche quemada, mantequilla y macadamias (otro inconmensurable placer, un postre perfecto)

Para acompañar un buen café, sólo unas deliciosas rocas de chocolate. Hubiera preferido algo más.
La cuenta ascendió a unos 75 € por persona. Nada que objetar, pero me gusta que un menú de este precio (y de este calibre) también incluya el pan.
El servicio estuvo fantástico, propio de un personal altamente cualificado. Destaco, una vez más, al sumiller, muy preocupado en agradar al cliente.
Me apetece poner aquí todo tipo de adjetivos triunfalistas, salí realmente contento del restaurante. El menú está a la altura de muy pocos, lo recordaré durante mucho tiempo. Quizá, y ya sé que eso depende de muchos factores, fue ésta la mejor comida de toda mi vida.
El espacio, el personal, los productos, las técnicas, el trato, los detalles... Todo a gran altura.
Para mí, pagar estos precios es un esfuerzo, pero en un sitio así merece la pena.

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