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Karlos Arguiñano, Zarautz (Gipuzkoa)

Tenía ganas de comer en este restaurante, sabía que a mis acompañantes les iba a hacer ilusión y me parece interesante visitar la casa de este icono gastronómico y televisivo de nuestro país.
Situado en un entorno privilegiado, en la bonita playa de Zarautz.
Tras atravesar el bar se llega a una sala limpia con vistas al mar. Comodidad (la separación entre mesas y la confortabilidad de las sillas hacen mucho).
Mantelería de tela y buenas copas.
Se ofrece carta y menú degustación, que elegimos. Cocina clásica con cierto aire de renovación y sofisticación.
En cuanto a vinos, bastante donde elegir y precios sensatos. Me pareció obligado probar el Txakolina K5 Argiñano 2011 (D.O. Getariako Txakolina), un vino claramente diferente, fresco, contundente y muy redondo.
Vayamos pues:
-Gazpacho y bonito en escabeche suave (¡buen comienzo!)
-Ensalada de vainas y bacalao confitado con vinagreta de mango (refrescante, bien hecho)
-Langostinos salteados con puré de tubérculos (sin duda el mejor plato del menú, sencillo a la vez que espectacular)
-Nuestra hamburguesa de bonito (nada especial, el juego parece buena idea pero el resultado es mejorable)
-Lascas de confit de pato con salsa de Pedro Ximénez (verdaderamente acertado, y tenía mis dudas, sabroso y jugoso)
-Copa de piña colada con espuma de coco (ligero y muy agradable)
Y después, petit fours y café, ambos a buen nivel.
Personal especialmente atento y amable.
La cuenta ascendió a poco más de 40 € por persona, muy adecuado.
Suelo decir que Arguiñano tiene parte de culpa en la mejoría de los menús de las familias españolas y además, en su casa, da bien de comer.
Un menú lleno de aciertos, sin lujos, con buenos productos y algo de técnica.
Éste fue siempre un gran restaurante, y lo sigue siendo. Lleno de turistas, doblando y triplicando mesas, pero manteniendo calidad y criterio. Un ejemplo.
Me fui más contento de lo que pensaba irme, con mis acompañantes felices y sin mi bolsillo vacío, ¿qué más se puede pedir?

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