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Kilo, Barcelona

A mi pareja le convenció la decoración de Mr. Wonderful y a mí una crítica de Pau Arenós. Los dos convencidos nos dirigimos pues a este coqueto restaurante, veamos...
Local pequeño y acogedor, detalles cuidados y buen gusto.
Mesas correctamente vestidas pero sin lujos. Servilletas de tela y copas mejorables.
La carta ofrece cocina cosmopolita, ecléctica y creativa. Nada nuevo, nada viejo. No hay menú. En el apartado enológico aparecen pocas referencias bien escogidas y a precios adecuados. Escogí Brunus 2009 (D.O. Montsant), equilibrado e intenso sin llegar a ser memorable.
La cena constó de:
-Suke de salmón (delicado y muy equilibrado, gran plato)
-Langostinos crujientes con salsa de soja (conseguido, buen punto)
-Kebab de secreto ibérico con cebolla caramelizada y foie (decepcionante, prometía, demasiado seco y falto de sabor)
-Buñuelos de bacalao (anodinos pese a su buena presencia)
-Raviolis crujientes de brie y trufa (quizá lo mejor de la cena, mucho protagonismo del hongo para un resultado ciertamente interesante)
-Tarrina de foie con mermelada de violeta y garrapiñados (correcto nada más, menos bueno que bonito)
-Oli, pa y xocolata (otra versión de este ya clásico, demasiado tradicional para mi gusto pero agradable)
Añadiré que el pan de Triticum es un espectáculo en sí mismo.
Para acabar, un café demasiado normal.
El personal fue correcto, nada especial.
La cuenta ascendió a 40 € por persona, un precio por el que se debe cenar mejor.
Pues sí, sensación algo agridulce, esperaba algo más. Nada está muy mal, poco está muy bien. Comida que trata de ser comercial, poco riesgo y poca originalidad. Se puede ir y hasta disfrutar, pero le falta algo.
La pizarra es preciosa, la decoración en general también, la vajilla es curiosa y divertida, hay buenos productos y muchos aciertos, ¿entonces? Entonces solo nos falta el sabor...

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