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Suculent, Barcelona

La blogosfera gastronómica también está sujeta a las modas, ahora este restaurante es una de ellas. Carles Abellán y su incipiente emporio desembarcan en el Raval barcelonés,Toni Romero es un chef joven y preparado que ocupará portadas, los críticos van y lo cuentan. Ya tenemos tendencia.
Veamos pues que nos ofrecen...
Decorado como una tasca antigua, pequeño y poco cómodo.
Mesas sin manteles y copas muy mejorables.
En la carta aparecen raciones de cocina de mercado, base tradicional y algo de creatividad, se trata de compartir. La calidad es la base. Los camareros asesoran e informan de lo que se puede comer, las sugerencias son sugerentes... Quería probar rabo de toro y anguila, ninguno está ya en carta. En lo enológico pocas referencias y algo más costosas de lo esperado. Opté por el Ediciones i-Limitadas Abellán Arribas 2011 (D.O.Q. Priorat), vino de y para la casa, que cumplió sin más.
Cenamos:
-Cremoso de foie y maíz (muy acertado, una delicia)
-Cucurucho de papas (patatitas hervidas con piel, salsa romesco, una divertida versión de esta clásica ración, sorprendente y agradable)
-Ventresca de atún rojo a la brasa (el producto por excelencia, del que están hechos mis sueños gastronómicos, y muy bien preparado, con romesco de ajo, tomatitos y ajo de oso, una hierba que me encantó, un plato rotundo y redondo)
-Albóndigas de butifarra y sepia (suculento, tenía que utilizar el adjetivo, y exquisito guiso, quedará para siempre en mi memoria)
-Pastel de queso brie (pensaba que este podía ser el típico sitio que descuidaba los postres hasta que llegó este pedazo de placer, excelso)
Tras un café aceptable nos marchamos satisfechos al cercano Ámbar (donde el gin tonic es notable).
El servicio fue informal y divertido, aunque a veces algo saturado.
La cuenta ascendió a 40 € por persona, me parece bien.
La sensación fue positiva, sin duda. Aquí se hace todo muy bien, una cocina sincera, de las que dicen que van a dominar este mundillo. Precios moderados y altas notas.
Tradicional y cosmopolita, de proximidad, para sentir cosas, para disfrutar en la mesa.
Entiendo sus llenos y sus alabanzas, te olvidas de lo menos bueno muy rápidamente...

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