Algunas opciones malagueñas

Visité Málaga en febrero, aunque solo tengo ganas de volver.

Ya hablé de La cosmopolita, pero la ciudad es infinita. Dejaré en esta entrada alguna buena idea más.

En El yerno, en el esplendoroso Mercado de Atarazanas, uno podría pasarse horas y horas apoyado en esa barra metálica que anuncia placer y costumbrismo a partes iguales.

Buenas conchas finas, mejores boquerones y manzanilla helada. El paraíso.

El pimpi es un bar muy especial. Enorme, tradicional e hipnótico. Me gusta.

Probamos sus croquetas de gambas al pil pil, que me parecieron excelentes, y los boquerones al limón, muy ricos.


En El cabra pedimos, cómo no, espeto de sardinas y rosada frita. Ambos correctos.



En El Balneario de los Baños del Carmen se disfruta de un espacio privilegiado, absolutamente imprescindible.

Lo gastronómico no está a la altura de las vistas, pero la dorada espetada y, sobre todo, el calamar con la misma técnica son una delicia.

De los mejores calamares que he probado.



Uvedoble me parece adecuado para una cena de amigos. Más luces que sombras.

El ceviche de pez espada con aguacate de la Axarquía, el morrillo de pez espada en manteca colorá o los tacos de atún rojo con emulsión de coliflor fueron algunos de los platos que más me satisficieron.

Málaga está exuberante, también en lo enológico, y se debe ser testigo de esta evolución.

Vayamos.





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