Roscioli es una institución en Roma y tenía muchas ganas de conocerlo.
Opté por reservar en la barra de la tienda, aunque también tienen panadería y cafetería.
Barra algo incómoda por su altura y la estrechez del pasillo, pero aquí se entiende.
Mantel individual y servilletas de tela.
La carta, muy extensa, ofrece variedad de cortes de la tienda y también bastante cocina de la zona con especial énfasis en pastas y carnes. La carta de vinos también es muy potente, pero por copas tiene menos opciones. Probé Canus Refosco dal Peduncolo Rosso 2022 (D.O.C. Friuli Colli Orientali), equilibrado y frutal, y Cantine di Neoneli Arcivu Rosso 2023 (Isola dei Nuraghi Rosso I.G.T), sabroso y mineral.
Comí:
-Cestino di pane del Forno Roscioli (hasta ocho panes diferentes, un absoluto espectáculo)
-Selezione di salumi e formaggi affinati "a Casa Roscioli" (culatello 36 mesi affinato alla birra trappista alle ciliege, fiocchetto 18 mesi affinato al Lambrusco di Sorbara, coppa di Grigio del Casentino al Nebbiolo, lardo di razza Nera Romagnola speziato, salame gentile parmense al profumo di alloro e timo y alguno más, acompañados de varios quesos bien afinados, apabullante y deliciosa)
-La carbonara (mezza manica con los huevos de Paolo Parisi, un pecorino espectacular, guanciale y las pimientas de la casa, extraordinaria)
-Cantuccini con salsa de chocolate (de cortesía, agradable)
Fantástico café final.
El personal, irregular, fue amable.
Pagué unos 71 €.
Una experiencia que roza la gloria. Es obvio que está destinado a turistas y que quizá vivió tiempos más auténticos, pero lo cierto es que se disfruta.
Estamos ante un local que exhibe productos impresionantes y también aparecen en la degustación que pude efectuar.
Esa carbonara y esa selección de chacinas se quedan conmigo para siempre.
Alla fine si parla de pane e salame...
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