El tratamiento sofisticado al producto marino de una zona privilegiada como es Castellón y el Delta del Ebro es el reclamo de este restaurante. Y me apetece mucho.
Alejado de la playa de la localidad, presenta un local oscuro con mucha madera. Agradable pero impersonal.
Mesas bien vestidas y buenas copas. Se ofrece un único menú degustación (115 €) al que se le pueden añadir sugerencias. En mi caso, añadí la caixeta. Carta de vinos extensa, pero una raquítica y descuidada oferta de vinos por copa. Bebí Petit Almodí Blanc 2025 (D.O. Terra Alta), fresco y frutal.
Comí:
-Pan de algas y agua de mar con aceite El Mil del Poaig (maravilloso comienzo)
-Gamba blanca y licuado de almendra marcona de Albocàsser (delicado, exquisito)
-Bisque blanco de cigalas infusionado con lemongrass (reconfortante)
-Ortiguilla de mar (bien frita, potente)
-Boquerón de la luz albardado en lechuga de mar (demasiado vinagre)
-Mantequilla de anchoas de Vinaròs (majestuosa)
-Caixeta al natural (solo abierta al vapor, tenía muchas ganas de probar este molusco y me sorprendió gratamente, firme y rico)
-Brandada de pez ballesta y matices marinos (refinada, un plato muy conseguido)
-Canana (variedad de calamar local) y guiso de canana en su tinta y puerro (excepcional punto, me encantó)
-Langostino de nuestra costa, hinojo y ramallo de mar (lámina de langostino crudo que encierra la propia carne aliñada, un bocado impresionante lleno de técnica, sabor y acierto en la elección de los contrastes)
-Pulpo y garbanzos en all i pebre blanco de antiguos marineros (un guiso superlativo, para repetir y repetir)
-Pez espada de anzuelo, escabechado en frío (otro de los mejores platos del menú, ligera acidez y una textura inolvidable)
-Arroz de raíz de apio, miso y lomo de atún rojo (leve decepción, el conjunto no funciona como debería)
-Chocolate blanco Ivoire y cítricos (diferentes estructuras con naranja y kumquat como protagonistas, demasiado tímido)
-Petit fours (cumplidores)
El personal anduvo correcto.
Pagué 138 €.
El homenaje a las recetas que los pescadores cocinaban en sus barcos y a la diversidad que ofrece el Mediterráneo en esta latitud ocupan todo el menú. Y no hay mejor noticia que esa, porque precisamente es lo que yo busco.
El concepto es imbatible y el desarrollo, con ciertos altibajos, convence. La parte dulce me parece mejorable, no obstante.
Las cimas de la sucesión de preparaciones justifican el desplazamiento sobradamente. El langostino, el guiso de pulpo o el pez espada, por ejemplo, asombran
Alta cocina de entorno y de criterio.

















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