Puerta del Sol, Oropesa del Mar (Castellón) (II)

Por segundo verano consecutivo vuelvo a este restaurante.
Ningún cambio, así que vamos a lo importante.
De nuevo comida en el interior.
Bebimos Soldadito marinero 2019 (D.O. Valencia), fresco pero de escaso interés, y Rebels de Batea blanco 2018 (D.O. Terra Alta), que me encanta.
Comimos:
-Pan, tomate y alioli (en esta casa es impresionante, ciertamente)
-Coquina del Mediterráneo (buen calibre, sabrosas, una delicia)
-Tartar de atún rojo salvaje (plato fallido, ración escasa, aliño invasivo y desafortunada inclusión del tomate, este producto merece otro tratamiento)
-Arroz del senyoret (mejor de lo que lo recordaba, muy buen punto, gambas escasamente cocinadas y pleno de sabor)
Probé también el calamar de lonja salteado con verduras de uno de mis acompañantes. Gran materia prima.
-Diferentes texturas de café en el jardín (simpática presentación, en el interior distintas preparaciones con un demasiado tímido matiz de café)
Café correcto.
Se sirvió un chupito cortesía de la casa.
El personal se mostró muy irregular.
Pagamos unos 52 € por persona.
La sensación de que el restaurante da menos de lo que propone persiste, pero me voy con mejor concepto que el año pasado.
Hay producto, hay criterio y hay (o se intuyen) ganas. Y por supuesto hay que profundizar en trato, en detalles...
Si los retoques continúan, este establecimiento puede merecer el viaje.
Ese es el camino.






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