Regañadientes, Madrid

Madrid, octubre pasado y ganas de comida mexicana. Elegí este restaurante de cocina de aquel país y cierta fusión.

Sitio bonito, con baldosas y espejos protagonizando la decoración.

La carta ofrece tacos y otras preparaciones típicas con una vuelta de tuerca. En lo enológico, casi nula opción de vinos por copas. Opté por un Valdrinal Entrega 2019 (D.O. Ribera del Duero), que solo cumplió. También bebí una Pacífico Clara, que solo me gusta en estos sitios.

Comí:

-Guacamole con totopos (media ración, llegó muy frío pero estaba rico)

-Taco Pekín-Mex (de pato, salsa de ciruela, chile pasilla, pepino y cebolleta, sabroso, pero con la carne demasiado seca)

-Taco Lechoncillo (cochinillo crujiente y salsa chilanga, deliciosa combinación, la vedette del almuerzo)

-Taco Madrileño (calamar rebozado y alioli de ajos negros, fritura mejorable, pero el conjunto resulta acertado)

-Pastel de elote (curioso, algo soso)

El café no me satisfizo.

El personal estaba sobrepasado y falto de rodaje. Debo señalar que ese día tampoco hacían cócteles, lo que molestaba a gran parte de la clientela.

Pagué unos excesivos 44 €.

Hay mejores expresiones de la cocina mexicana en Madrid, de eso no hay duda. Los intentos son buenos, a veces muy buenos, pero falta personalidad y definición.

Puede mejorar.




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