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Tatau Bistró, Huesca (IX)

Tras demasiado tiempo, vuelta a uno de los sitios de mi recreo.

La estancia sigue igual, pero la comida ha evolucionado convenientemente.

Mesa alta.

El menú "du jour" cuesta ahora 68 € y fue el que escogimos. Hay otro a 130. En lo enológico, opté por copas pudiendo probar Manzanilla Papirusa (D.O. Manzanilla-Sanlúcar de Barrameda), que siempre está a la altura, y L'equilibrista 2018 (D.O. Catalunya), un tinto frutal y amable. Habría que revisar este apartado y ofrecer más opciones, eso sí.

Comimos:

-"Shot" de vermú blanco y cítricos (esfera algo tosca, agradable)

Este aperitivo se toma en el sofá de bienvenida, el resto ya en mesa.





-Nuestra ensaladilla rusa en un bocado (delicadísimo, una maravilla)

-Anchoa, pan y tomate (intenso y equilibrado)

-Croqueta de libre a la Royale (fibrosa, rica)

En ese momento se sirve un muy buen pan con aceite de oliva de la zona.

-Cebolla de Sariñena y romesco (recordando a unos calçots, el juego constante del origen catalán del chef y el producto local alcanza aquí alto nivel)


-Setas de temporada (excepcional plato con perretxikos y un gran fondo)


-Gambita en escabeche (con sesos de cordero, notas de gambas al ajillo y una ligera acidez, magnífica expresión de esta cocina)

-Rape a l'all cremat (maravillosa salsa y notable producto, un disfrute)



-Pularda de Los Monegros asada (pechuga y muslo y matices de frutas desecadas, delicioso)

-Limón, chirivía y galanga (conseguido, muy refrescante)


-Fresas con nata (exquisito, demostración de técnica y criterio)

-Ruso blanco (me encantó este cóctel sólido)


-Kouglof (para acabar, y con el café, llega su acertada versión de este dulce alsaciano)

Asombroso café final.

El personal, atento y capaz.

Pagamos 78 € por persona.

Estamos ante la versión más refinada de este proyecto desde sus inicios, y debo decir que echo de menos algo de aquella frescura y de aquella irreverencia. Pero también disfruto esto.

La incorporación de Ausiàs Signes, cuyo futuro se antoja importante, en los postres se nota, aunque en esta casa eso no era un problema.

Y, como siempre, ya solo pienso en visitar de nuevo Tatau.




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