Sarah Cicolini es una chef muy prometedora y expone su trabajo en este restaurante de Roma. Tradición renovada, casquería y estilo son sus premisas. Veamos.
Local alejado del centro, futurista y de líneas muy limpias.
Me gusta.
Mesas desnudas, servilletas de hilo y buenas copas.
La carta, corta y trufada de sugerencias que cambian a diario, ofrece una aproximación a esta interpretación actual del recetario romano. No hay menú. En lo enológico, me puse en manos del sumiller. Probé Colle Florido Il Postino Bianco 2024 (Abruzzo , sin D.O.), complejo y muy interesante, Ampeleia Cabernet Franc Vasca Dodici 2024 (I.G.T. Toscana), singular y mineral, y Davitha Nathavi Rosato 2022 (I.G.T. Colli del Limbara), frutal y fresco.
Accedieron a prepararme medias raciones, aunque se cobraron a precios algo altos.
Comí:
-Prosciutto di cuore e pan y tomate (corazón de ternera en un trampantojo de sashimi de atún, fantástico sabor)
-Crudo di pecora con fragola sotto aceto (carne de cordero con un leve aliño y fabulosas fresas encurtidas en aceto, un plato que se queda conmigo para siempre, sabroso, equilibrado y persistente)
-Trippa alla romana (callos en una especie de ragú con pecorino romano rallado, pimienta y hierbas aromáticas, muy rico)
-Sorpresine, cozze, burro acido e zafferano (una pasta descomunal con mejillones y un intenso sabor a azafrán, inconmensurable)
-Torta Sacher (con confitura de albaricoques de “Podere Francesco” y servida con una nata asombrosa, agradable)
El café me encantó.
El personal mostró mucha disposición y más ganas de agradar.
Pagué 89 €.
Filosofía y concepto de trattoria contemporánea, los mejores ingredientes locales y técnicas sobrias muy bien ejecutadas.
La impresión final fue óptima. Todo lo probado me pareció sublime.
La alta cocina de presente y de futuro se debería parecer a esta propuesta, a estas ideas, a estos criterios. No hay duda.
Tendencia a seguir.
Comentarios
Publicar un comentario