Además del restaurante gastronómico, el complejo tiene otro que ocupa el espacio de banquete de las bodas.
Salón algo frío, con mesas grandes con un mantel individual de caña terrible.
Servilletas de tela. Copas pésimas.
La carta ofrece especialidades a la brasa y arroces especialmente. No hay menú. En lo enológico, unas cuantas opciones bien escogidas a precios amables. Bebimos Can Sumoi Muntanya 2024 (D.O. Penedès), fresco y frutal.
Cenamos:
-Calamar fresco a la andaluza (gran producto, rebozado algo basto)
-Canyuts a la brasa (maravilla)
El personal, muy irregular, es amable.
Pagamos unos 45 € por persona.
La propuesta es complementaria y estacional, pero creo que podría cuidarse más. Falta mimo y falta definición, aunque muchos platos se disfrutan.
Cumplió con nuestras expectativas, eso sí.
El hotel es interesante aunque yo esperaba más finura y mejor atención. El desayuno aprueba pero nada llega al sobresaliente.
Dicho esto, puede ser una opción a tener en cuenta...
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