"Es una institución muy especial, incomparable con ninguna otra a lo largo y ancho del mundo. Se trata, de hecho, de una especie de club democrático, abierto a todo aquel que quiera tomarse una taza de café a buen precio y donde, pagando esta pequeña contribución, cualquier cliente puede permanecer sentado durante horas charlando, escribiendo, jugando a cartas; puede recibir ahí el correo y, sobre todo, consumir una cantidad ilimitada de periódicos y revistas."
Esto es lo que escribió Stefan Zweig acerca de los cafés vieneses.
Posiblemente, los tiempos han cambiado este concepto. Ahora son sitios donde disfrutar de café, dulces y un buen rato rodeado de turistas.
Cerrados por obras el Central y el Gerstner en su emplazamiento principal, veamos los que pude conocer en este viaje...
La tarta Sacher del Café Sacher era para mí un sueño. Ahora es un gran recuerdo.
Estuvimos en la zona alta de Bel étage, que es muy clásica.
Estupenda tarta con un chocolate sabroso, nata no muy dulce y el mejor café que probé en la ciudad.
En el Café Mozart optamos por la tarta de trufa y por la Mozart, ambas exquisitas. Produce Landtmann.
Buen café también.
En Demel lo obligatorio es pedir el famoso kaiserschmarrn con ciruelas asadas, pero su mostrador de tartas es abrumador.
El kaiserschmarrn, unas tortitas con caramelo y pasas y mucha mantequilla desmenuzadas, es agradable.
Café mejorable.
En el Café Museum nos decidimos por la Landtmann’s Feine Torte, con avellana y mazapán, y la Cardinal, con merengue y crema de café. Muy ricas las dos.
El café, de Julius Meinl, es maravilloso.
Los precios son elevados, especialmente en el Sacher, pero siguen llenos. El trozo de tarta y el café valen entre 12 y 17 €.
Me encantó apreciar este trozo de historia, esta tradición y esta finura en la confección de las tartas. Es muy interesante conocer todo lo relacionado con el consumo del café en Viena y su importancia en el comercio de la ciudad.
Si podéis id, daos tiempo y vividlo.
Comentarios
Publicar un comentario