Si hay una comida que se recomienda en Hungría esa es el lángos, una masa de harina de trigo frita con nata agria y queso en la base.
Optamos por este establecimiento, que refina la tradición y la reafirma con una estética pop muy lograda.
Local cuidado, con paredes pintadas, neones y gran ambiente. Mucha clientela joven.
La carta se centra en la citada preparación con muchas variaciones. Bebí cerveza Dreher de barril.
Vamos allá:
-Lángos de nata agria y queso (rico, masa nada aceitosa, gran combinación)
-Lángos Green Chili (con mermelada de jalapeño, bacon crujiente y cheddar, agradable pero con exceso de dulce)
-Somlói galuska (bizcochos, ron, chocolate, nueces y nata para un postre clásico que no me satisfizo especialmente)
El personal se mostró amable.
Pagamos unos 6700 Ft por persona.
Me gustó el sitio y comprendo perfectamente su éxito. Mejor quedarse en la tradición que innovar, pero se entiende la intención.
Lo básico a veces funciona. Aquí se ve claramente.
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